domingo, 3 de abril de 2016

La Vinal Tacoronte-Acentejo 2016… ¡arrancando motores!



Pues sí, una nueva edición de “LA VINAL, bienal de arte y vino Tacoronte-Acentejo” acaba de comenzar…¡la sexta bienal en la comarca! Hemos tenido recientemente la satisfacción de guiar a los artistas invitados a participar en esta nueva vinal a través de viñedos y bodegas de la comarca. Participan en esta muestra: Maríamencanta, Domingo Ayala, Lucía Pitters, Simonetta Pisani, V.Nielsen, Ana Coloretes, Silvia Watercolor, Rada Luna, Silvia Navarro y Luigi Stinga.

La jornada se desarrolló con bastante “buen rollito” intercambiando opiniones y sugerencias con los verdaderos protagonistas de la comarca vitivinícola, esto es, los viticultores y bodegueros. ¡Eso sí!, todas las intervenciones acompañadas de buen vino de la tierra, conociendo las inquietudes del sector bajo un clima afable, recorriendo los viñedos de Finca San Gonzalo, Finca El Cercado y las bodegas que producen los vinos Tasat y Presas Ocampo.

Una interesante propuesta que nuevamente fusiona el arte con la cultura vitivinícola y cuyo resultado final podrán, próximamente, disfrutar todos los aficionados al arte y al vino Tacoronte-Acentejo.

Agradecer en esta edición, además de a las bodegas y viticultores de la comarca, la complicidad del Ayuntamiento de Tacoronte, el Ayuntamiento de La Laguna, el Cabildo de Tenerife, el Gobierno de Canarias, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife y Cajasiete; sin cuya apuesta decidida, esta bienal quedaría en un sueño, no obstante, ahora es una realidad.

¡Un verdadero placer!


Santi S.

lunes, 21 de marzo de 2016

El auge de los blancos: ¿transición o moda?


Las ventas de los vinos blancos crecen más que las de los tintos, a escala internacional, nacional y local. También en Tenerife es un fenómeno reconocido por los representantes del sector, tanto por los productores como la distribución. Esta tendencia plantea la pregunta sobre las causas y la proyección futura de este fenómeno. ¿Ha venido para quedarse y provocar una reorientación duradera en la producción? ¿O se trata de una moda pasajera que remitirá en los próximos años?

Para llegar a respuestas ante estas preguntas, preguntémonos cuáles son las causas potenciales que pueden ayudarnos a entender lo que está sucediendo. He aquí algunas hipótesis que he escuchado durante los últimos meses:

Primero, algunos afirman que la tendencia subyacente se encamina hacia una mayor “ligereza” de los vinos. Se alude a la facilidad de consumo para “principiantes” en el consumo de vino. Entran fácil, son más parecidos a los refrescos y los que más crecen en ventas son los “afrutados” (más azúcar). Esta línea argumental abre varios interrogantes. Cuando los principiantes dejen de serlo (efecto aprendizaje), ¿pasarán a otros vinos más complejos? Si la ligereza y simplicidad es lo que impulsa el cambio, ¿veremos tintos más ligeros y afrutados? ¿Beben los rosados de la misma fuente?

Segundo, la nueva composición demográfica de los consumidores y sus efectos en los hábitos de consumo. Se argumenta que crece el número de mujeres jóvenes consumidoras de vino y que son ellas, y sus preferencias diferenciadas, lo que empuja el consumo de los blancos. Si el bebedor tradicional de vinos en España era un hombre mayor de 50 años y si en el futuro el consumidor tipo será una mujer de 30 a 50 años, los cambios en las ventas parecerían más estructurales; una transición en las pautas de consumo que vuelve a plantear la pregunta anterior: ¿seguirán ellas en esta pauta a lo largo de los años? ¿Y es cuestión de preferencias femeninas o es más bien un cambio generacional y son los jóvenes en general los que prefieren otro tipo de vinos?

Tercero, en el pasado los hábitos de consumo de vino estaban más anclados en las características de la producción local y ésta, a su vez, está condicionada por las condiciones naturales (“tierra de tintos”, “tierra de blancos”). Hoy día, se argumenta, que la globalización nos pone en el supermercado de la esquina vinos de Australia, Chile, y muchos otros lugares alejados. En consecuencia, se debilita el vínculo entre la producción local y los hábitos de consumo. Se añade que la socialización de padres a hijos alrededor de la mesa familiar deja de ser el vector principal en la formación de los hábitos y las preferencias. Lo que era “de toda la vida” se vuelve más errático, menos fiel a orígenes y marcas, y más expuesto a los estímulos en corto que nos brinda el marketing.

Cuarto, la argumentación estival: a más calor más blancos (fríos). Es conocido este patrón estacional de verano/blancos e invierno/tintos en el contexto español. Como también es conocido que las estaciones en Canarias son menos pronunciadas y puede haber inviernos cada vez menos fríos con episodios de cuasi-verano en meses invernales.

Todos los argumentos anteriores probablemente tengan algo de verdad y todos contienen elementos estructurales (de transición) y otros coyunturales (de moda). Entre los elementos de transición destacan en el lado de la oferta la globalización con su efecto rompedor en el vínculo entre tierra y consumo. Por parte de la demanda resalta la evolución, lenta pero imparable, en la composición demográfica del consumo. En los elementos coyunturales también se conjugan oferta y demanda. Hacer vinos blancos de poca estructura y con mucho azúcar es empresa fácil y barata, aspecto no menospreciable para decisiones desde el lado de la oferta. Además, en las coyunturas de la demanda pueden darse modas pasajeras; bien porque los principiantes van aprendiendo y transitando hacia otro tipo de vinos, bien porque el cansancio les lleva a otros productos que no sean vinos. Es llamativo que también en las cervezas se observen tendencias paralelas (cervezas con limón, cervezas dulces de sabores, etc.).

Tres escenarios se pueden esbozar a consecuencia de lo anterior: a) un predominio de los cambios estructurales que nos llevaría a un prolongado aumento del consumo del vino blanco hasta alcanzar un nivel de estabilidad y saturación; b) un predominio de los elementos coyunturales que vería en el futuro una nueva reducción del consumo de vinos ligeros, con una transición hacia otros más estructurados, sean blancos o tintos; c) una combinación de los escenarios anteriores, con un componente estructural de consolidación de los blancos en un nivel superior al actual, pero con un crecimiento actual magnificado por la contribución de la moda de la ligereza afrutada.

D.G.


lunes, 7 de marzo de 2016

La espaldera sencilla reina ahora en el paisaje vitivinícola



El paisaje de la comarca Tacoronte-Acentejo se ha modificado sustancialmente en los tres últimos lustros a ojos del ciudadano de dicha comarca vitivinícola, y por extensión, a todos aquellos que disfrutan del medio rural de este territorio vitícola, bien sea como meros paseantes en la misma, bien sea por que viven en ella.

El viñedo es el principal cultivo que armoniza el paisaje en este territorio, seguido del cultivo de la papa, asociado, en muchas veces al de la propia viña. Cierto es que el viñedo es un cultivo que se mantiene en un porcentaje alto inalterable sobre el terreno; digamos que es un “cultivo fijo en el suelo”. Los viticultores han apostado por el futuro de la viña como principal cultivo en sus terrenos por diversas causas que van desde lo meramente familiar en pos de mantener la tradición hasta situaciones de inversión en el viñedo como medio de complemento económico a sus propias vidas y/o a sus bodegas.

Buena parte de la transformación paisajística que ha experimentado la comarca busca su fundamento principal en la aplicación de las distintas “OCM del Vino” que se han ido aplicando en los últimos años. Unas ayudas procedentes de la Unión Europea que han promovido el rejuvenecimiento de los viñedos, la apuesta por una diversificación en el abanico de variedades disponibles a cultivar y la adaptación por parte del viticultor hacia formas de explotar la viña más eficiente, o, al menos, más ahorradoras en costes y más efectiva si cabe.

Sin duda alguna, el sistema conocido como “espaldera” se ha convertido por méritos propios en el principal medio de sistema de apoyo para el cultivo de la vid. En este sentido, podemos afirmar que el viñedo de la comarca ha ido mutando progresivamente del conocido como sistema de rastras o tradicional –digamos “con horquetillas”– a este sistema apoyado de cultivo que es la espaldera en cualquiera de sus vertientes: sencilla, doble, con crucetas o en forma de “Cruz de San Andrés”. Evidentemente, el riesgo asumido por el viticultor al apostar por la misma ha sido paulatino, ha superado la tradicional aversión al riesgo común en estas situaciones, y ha optado por un cultivo de prometedor futuro en la comarca sobre el sistema de espalderas, donde, sin duda alguna, la viña trepa al antojo de la mano que la cuida convirtiéndose en el perfecto compañero de viaje del viticultor hacia la vendimia próxima.

La cuestión llega a ser, como dice el dicho, “renovarse o morir”; y concretamente en Tacoronte-Acentejo ahora hay vida para largo. 
¡Salud!


Santi S.



lunes, 22 de febrero de 2016

AGROCANARIAS 2016



Pistoletazo de salida para el Concurso Oficial de Vinos Agrocanarias 2016. Tras un año de ausencia, el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria, convoca en el próximo mes de marzo, el mismo, a celebrar en su fase previa el día 11 de marzo en la isla de Tenerife y en su fase final el día 17 de marzo de 2016 en la isla de Lanzarote. Tendrán su reconocimiento y distinción los mejores vinos producidos, elaborados y embotellados en el Archipiélago Canario con Denominación de Origen Protegida.

Los vinos galardonados se darán a conocer en los diferentes eventos que el Servicio de Fomento y Promoción del Instituto, realizarán a lo largo del año. Quienes deseen participar en el certamen, deberán presentar su solicitud dirigida al Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria, mediante el modelo que podrán descargarse en la página web:


Ánimo y  suerte.

F. D.

lunes, 15 de febrero de 2016

Los jóvenes ignoran al vino y el vino a los jóvenes



El 29 de enero de 2016 Elena Sotamendi publicó en OKDiario un interesante artículo sobre el consumo de vino de los jóvenes, haciéndose eco de un trabajo fin de grado, elaborado por Jorge Herrero Ribes en la Universidad Politécnica de Valencia bajo la tutela de la profesora Amparo Baviera Puig. Entre los resultados de la encuesta (recomendamos la lectura de las páginas 61 y ss.) resalta que el 39% de los jóvenes de entre 18 y 28 años no bebe vino nunca y sólo el 6% lo toma una vez por semana, a diferencia de la cerveza que alcanza el 33% de consumo semanal.

Entre las causas de este panorama preocupante para el sector vitivinícola destaca la imagen del vino como un producto serio y complicado, cuyo consumo se suele reservar para citas románticas o como obsequio ante una invitación. A su vez, este perfil tan estrecho de ocasiones de consumo estaría relacionado con la cada vez menor socialización en el consumo del vino en torno a la mesa familiar de los padres. Tampoco ayuda que las etiquetas tengan estilos poco adaptados a las preferencias de los jóvenes, que en sus lugares de consumo apenas encuentren este producto y que en las redes sociales el vino no sea tema. En comparación con la escasa atención que prestan las bodegas a este segmento de los consumidores españoles, la competencia, en concreto los fabricantes de bebidas gaseosas y cervezas, sí invierten masivamente en la promoción en medios de comunicación y ocasiones de consumo frecuentados por los jóvenes.

Dado el poder financiero y comercial de estos competidores multinacionales, los productores de vino tendrán que desplegar un esfuerzo promocional más selectivo, pero continuo, si no quieren poner en peligro su mercado futuro. Harían bien en estudiar los hábitos de ocio (tan cambiantes) de los jóvenes, trabajar en las redes sociales más activamente e incrementar su presencia, con imagen adaptada, en los lugares y momentos de consumo potencial. El desafío es grande, particularmente si tenemos en cuenta que la España post-crisis nos deja generaciones de jóvenes con pocas perspectivas para carreras profesionales consolidas y bien remuneradas. Cerrar los ojos y pensar que los jóvenes ya se darán cuenta del valor del vino por sí solos sería un grave error.

D.G.

lunes, 8 de febrero de 2016

Época de poda del viñedo



Entramos de lleno en la etapa de poda de la viña en Tacoronte-Acentejo. Prácticamente durante dos meses, en la comarca se escucha un click-clack de tijeras progresivo según las cotas de altitud. Un momento fundamental para determinar “la carga” de la futura cosecha que podremos lograr en el último cuatrimestre de 2016.

El momento de la poda implica la determinación por parte del viticultor de la cantidad de pulgares y varas que dejará a su viñedo para que el mismo se convierta en realidad con la próxima primavera, y luego, en verano vayan madurando los racimos de uva hasta la vendimia. El tipo de poda estará influenciado por la variedad de vid, el sistema de conducción del viñedo y la mano del viticultor con sus objetivos.

Con la poda aplicada a un viñedo invernal ya sin hojas, la viña queda a la vista despojada de sus largos brazos, desnuda completamente, sola con su madera y preparada para reinventarse y continuar acumulando reservas hasta que la primavera la muestre en todo su verde esplendor. Un paisaje invernal en tonalidades ocres y marrón para el disfrute de todos.

Un consejo: observa tu entorno.

Santi S.



lunes, 1 de febrero de 2016

Un vino para un plato


“El cliente siempre tiene la razón”

Saber situar un vino en un determinado lugar dentro de un menú, forma parte de la experiencia que ha de tener cualquier persona interesada en la gastronomía, ya sea profesional (cocinero, sumiller, prescriptor) como aficionado al mundo del vino que bucea en las raíces de la cultura vitivinícola. Hay ciertas reglas, que permiten que un plato realce un vino, y viceversa, que un vino potencie un plato. Estas serían las reglas más conservadoras, no obstante la experimentación está servida y la elección final debe ser del comensal.

Como utilidad debemos pensar en el vino como prolongación del plato, como una última salsa que debe proporcionar una satisfacción final al paladar, mantener ese placer el mayor tiempo posible sería el principal objetivo.

En la práctica hay  algunas cosas a tener en cuenta que nunca fallan y a partir de ahí todo es posible:

ü  Vinos muy ácidos refuerzan y dan vida a platos con poca sal, como pollo hervido, cremas de verduras, pescado.

ü  Vinos ricos en taninos están reñidos con la sal.

ü  Vinos con alta graduación alcohólica ayudan a digerir platos grasos.

ü  Vinos dulces y de licor son un buen acompañamiento para los foies, quesos azules, picantes.

ü  Vinos rosados combinan bien con la charcutería.

ü  Vinos blancos maridan bien con comidas frías.

Aunque ya se sabe,  que sobre gustos no hay nada escrito.

Mari Paz Gil