martes, 27 de noviembre de 2018

El consumo de vino: cuesta abajo


Sirvan las estadísticas que facilita el Panel de Consumo Alimentario del Ministerio de Agricultura de España sobre el consumo de vino en el año 2017 como excusa para manifestar la preocupación por el continuado descenso sufrido durante las últimas décadas. España, país productor y antaño también consumidor de vino (se recuerdan niveles hasta 60 litros anuales por persona), se está convirtiendo en un país de bajo consumo. En el año 2017 el consumo en los hogares bajó a 8,1 litros por persona, más 3,5 litros anuales de consumo fuera del hogar. Estos 11,6 litros suponen una reducción del 6% sobre el año anterior en el hogar y un 8% menos en lo que se consume fuera de casa. Estamos, por lo tanto, camino a los 10 litros anuales si esta trayectoria se prolonga.

El 37,2% de este consumo son vinos tranquilos con Denominación de Origen. Además, el informe del Ministerio añade que “el consumo más intensivo de este tipo de vinos se localiza en hogares adultos, fundamentalmente de retirados, parejas adultas sin hijos y con hijos mayores. En conjunto, estos tres perfiles representan el 65,7% del volumen”. Dicho de otra forma, un perfil demográfico marcado por el envejecimiento de los consumidores. Si el hábito de beber vino tiene un componente generacional importante, entonces la progresiva sustitución de estas generaciones por otras nuevas supondrá la prolongación de esta trayectoria descendente del consumo.

El sector haría bien en pensar en acciones compartidas que frenen este descenso, en vivo contraste con el aumento del consumo de cerveza, en vez de limitarse a lamentar el progresivo abandono de la producción. Sin demanda no hay oferta que valga. Para terminar una comparación: el consumo de vino por año y persona en Alemania, conocida por su tradición cervecera, alcanza los 24 litros. Parece que el destino no es inevitable…

D.G.

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