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martes, 1 de octubre de 2019

“VENDIMIA” HEROICA



Sí, sí, no me he equivocado en el título. Se habla de “viticultura heroica”, pero esta vendimia en esta campaña en la comarca creo que debemos calificarla de “heroica”. Heroicos los viticultores que en esta campaña les ha tocado lidiar con todas las adversidades, para llevar a “buen lagar” los más de 750.000 kilos de uvas recogidos hasta el momento entre las 32 bodegas inscritas en la D.O.Tacoronte-Acentejo y que nos harán disfrutar de 700.000 botellas de excelente vino contraetiquetado y garantizando el origen de la uva; nuestra uva de km0, de cercanía.

En los diferentes municipios que componen nuestra comarca vitivinícola se han acumulado los desajustes climáticos y en las últimas cosechas ha habido un cambio total en el ritmo tradicional de las estaciones; especialmente la falta de frío en el periodo invernal que no dio paso al necesitado descanso de la planta, sumado a lluvias escasas y a destiempo. En estas circunstancias nuestros viticultores y bodegueros derrochan sin descanso toda su sabiduría y harán que cada gota cuente.

Mari Paz Gil

lunes, 16 de septiembre de 2019

Cada gota cuenta. Tacoronte-Acentejo, tu vino Km0


Canarias se encuentra en uno de los focos más calientes del cambio climático. Casi la totalidad del suelo canario está bajo una elevada presión de desertización y cualquier actividad que frene su avance tiene una destacable utilidad social. Es una tarea que también nos implica como consumidores: nuestra decisión de compra importa, porque todos los productos dejan su huella ecológica. En este sentido, consumir alimentos elaborados con los productos de nuestra tierra es una de estas contribuciones responsable que tenemos a nuestro alcance si queremos frenar el cambio climático.

La vid es una planta perfectamente adaptada a las condiciones naturales de Tenerife. Consume poca agua, no es exigente en lo que a calidad del suelo se refiere, puede cultivarse incluso sobre una orografía accidentada y ofrece a este suelo bajo amenaza de desertización un manto vegetal que lo protege de la progresiva erosión. De paso absorbe una parte del CO2 que emitimos a la atmósfera.

Hay que concienciar sobre la compra de los vinos con Denominación de Origen, recalcando la importancia de su consumo y la contribución del mismo a la responsabilidad civil y ambiental. Los vinos con contraetiqueta de calidad de la D.O. Tacoronte-Acentejo son productos de cercanía, implican un consumo responsable y adquiriéndolos se contribuye con nuestro paisaje y medio ambiente.

El concepto de Km0 hace referencia a los alimentos de proximidad, aquellos que se elaboran cerca del domicilio de los consumidores y se nutren de la materia prima que produce la agricultura local. La compra de un vino de la D.O. Tacoronte-Acentejo, íntegramente criado en la comarca en la que vives, te da mucho más que un buen vino. Se elabora con materias primas locales, en bodegas que han nacido en viñedos adaptados al entorno natural desde hace siglos. Te convierte en accionista de esta empresa compartida, luchando por un entorno natural saludable y sostenible. Es una contribución pequeña, pero es la suma de muchas pequeñas contribuciones las que mantienen verde y sana nuestra isla. Así que “Cada gota cuenta. Tacoronte-Acentejo, tu vino Km0”.

Santi S.

viernes, 20 de julio de 2018

NOVEDAD en nuestra web: Cambio climático y viticultura


Después de las jornadas de la Fundación Canaria La Alhóndiga el pasado viernes 15 de junio de 2018 sobre el impacto del cambio climático en la viticultura y una vez pasado por un proceso de inventario de la información disponible, el Consejo Regulador de Tacoronte-Acentejo ha incluido en su página web un nuevo apartado sobre esta temática: 


Aparte de una lista con las fuentes de información sobre el particular (cualquier sugerencia para ampliar y mejorarla será bienvenida), este apartado encuadra la pregunta concreta de cómo afecta el cambio climático a la viticultura en la comarca en un contexto más amplio (cómo es el cambio climático en Canarias). El lector encontrará un breve resumen de los principales hechos e incógnitas.

Quizás lo más interesante es una tabla que plantea cuáles son las posibles acciones que la viticultura en la comarca debe evaluar para enfrentarse para adaptarse a la nueva realidad. Mover el viñedo a otras zonas y altitudes es la última y más drástica actuación; caben muchas otras de menor calado y que posiblemente den resultados suficientes como para evitar soluciones extremas. Desde los sistemas de riego y cultivo, pasando por la selección varietal y hasta las prácticas enológicas se muestra un amplio abanico de elementos que el sector vitivinícola de la comarca debería evaluar y debatir.

Animamos a los técnicos a que hagan llegar sus aportaciones al Consejo Regulador. La información disponible es escasa, pero entre todos se puede poner en marcha un inventario de experiencias y propuestas concretas.

D.G.

lunes, 25 de junio de 2018

Cambio climático y viticultura: algunos apuntes



El pasado viernes 15 de junio la Fundación Canaria La Alhóndiga organizó un taller formativo sobre el impacto del cambio climático en la viticultura de Canarias. Asistieron como ponentes Vicente Sotés Ruiz (Catedrático de Viticultura en la Universidad Politécnica de Madrid), Tomás Mesa Guanche (enólogo de la bodega El Grifo, Lanzarote) y Manuel Rodríguez Jiménez (Consejo Regulador de la Denominación de Origen Abona).

De sus interesantes conferencias y el debate que se mantuvo durante la jornada, me he quedado con algunas conclusiones:

1.    El impacto del cambio climático en Canarias es y será severo, además de diferente del continente europeo. Nuestro emplazamiento africano, al lado de uno de los mayores desiertos del mundo, condiciona estas particularidades.

2.  Por ende, deberíamos preocuparnos por contar con la información necesaria para documentar este impacto. Y para ello hace falta mucho más que una serie temporal con datos sobre la concentración de CO2 en Izaña.

3.  Canarias, siendo pequeña, es de muy elevada complejidad interna. Los micro-climas obligan a una visión territorializada del cambio climático a escala local. Se observan grandes diferencias; entre islas, entre vertientes y entre pisos altitudinales.

4.   Dada esta complejidad, la evaluación del impacto en la viticultura debe contar una densa malla de puntos de medición de indicadores básicos (temperaturas, lluvia, vientos, suelo, etc.). Parece que datos, aunque insuficientes, los hay, pero hará falta "ponerlos a trabajar" para extraer conclusiones. Un trabajo que, al parecer, no está hecho.

5.    Los ponentes advirtieron que deberíamos saber más sobre nuestras variedades de viña y su potencial productivo en el contexto del cambio climático. Sorprende que a estas alturas –el cambio climático lleva décadas debatiéndose– no sepamos más sobre este tema. Se apunta que nuestro problema no será tanto el exceso de calor como la falta de frío.

6.  El cambio climático no afecta solo a las cantidades producidas, también incide en la tipicidad de los vinos. Los vinos serán distintos. Habrá dificultades para conseguir más color y acidez. La variabilidad aumentará (aun) más, tanto la cuantitativa como la cualitativa.

7.  El nivel de incertidumbre, en un tema tan complejo como el cambio climático y su impacto local, es elevado. Y en contextos de incertidumbre conviene optar por sistemas de alta plasticidad, capaces de adaptarse a nuevas circunstancias e imprevistos. Esta flexibilidad se genera por acción humana; no es automática ni natural, es viticultura.

D.G.

lunes, 23 de abril de 2018

Km0 (y no es un coche)



En su momento, el primo de Mariano dijo (supuestamente) que no creía en el cambio climático y que no era posible predecir ni el tiempo que va hacer mañana en Sevilla. Esto fue en 2007. Hoy defiende M. que el cambio climático es el mayor reto medioambiental al que nos enfrentamos. Parece que la cosa evoluciona.

También ocurre con los estilos de vida y la alimentación. Un comportamiento cívico incluye hoy día responsabilizarse de tu consumo y que tenga en cuenta las consecuencias ambientales para tus congéneres y las futuras generaciones.

En el ámbito de la alimentación, el concepto de los alimentos de "proximidad", de "km0", o de "canales cortos", conceptos casi sinónimos, tiene relación con esta responsabilidad ambiental. Se trata de un movimiento internacional que está ganando "cuota" incluso entre las propias empresas. Si lo dudas, mira aquí el artículo de Abel Pedrós "2020: "Supermercados de proximidad. Cero emisiones"). Otro botón de muestra: en la última feria Alimentaria de Barcelona hubo reuniones entre cocineros para lograr "comedores escolares de km0", casi nada.

Y por supuesto que también para este tema habrá primos negacionistas que indican que se trata de una simple moda pasajera. Lo veremos… Mientras tanto, he aquí el argumentario a favor del km0:

·         Reduce emisiones de gases causantes del cambio climático.
·         Devuelve parte del protagonismo (y beneficio) a los productores. Fomenta la posibilidad de supervivencia de los pequeños.
·         Contribuye a crear empleo en tu entorno (vete tú a saber si para uno de los tuyos).
·         Fomenta la confianza y fidelización de los consumidores (tan aquejados de sospechas en el mundo de la alimentación y sus escándalos)
·         La proximidad entre consumidores y productores facilita la adaptación de los productos a las preferencias de los primeros (si los segundos escuchan).

Y me dirán: pero será más caro, ¿no? Puede; depende (quitar intermediarios también libera margen). Pero será más barato que el coste del cambio climático.

D.G.

lunes, 19 de febrero de 2018

Cambio climático: los chicos de Davos lo tienen claro

Fuente: World Economic Forum. Global Risks Report 2018



Más que por la posibilidad de deslizarse pendiente abajo sobre la nieve, la localidad de Davos es hoy día conocida por aislarse ahí los líderes mundiales en sus reuniones convocadas por el World Economic Forum y emitir sus juicios sobre nuestro futuro (en el cual tienen la amabilidad de incidir). Parte de este loable ejercicio es la edición del Global Risks Report. Pues bien, como se puede apreciar en el gráfico que encabeza esta entrada, extraído del citado informe, el cambio climático se reconoce no sólo en su mera existencia sino como el factor más relevante de entre los riesgos que acechan a la humanidad. Sus vínculos con la desestabilización de los ecosistemas, las crisis alimentarias y la pérdida de biodiversidad son evidentes y científicamente documentados.

Si las grandes multinacionales de seguros –expertas en la gestión de riesgos–, y si el gran capital –experto en preocuparse por sus futuros rendimientos–, tienen claro que el cambio climático es el Reto Número 1, más vale mentalizarse y ocuparse. No sólo a nivel global, también a nivel local; no sólo en las grandes ciudades, también el medio rural; no sólo en las grandes empresas, también en las pequeñas.

De cara a lo que significa esto para ese puntito en el mapamundi que es la comarca de Tacoronte-Acentejo, y particularmente para su sector vitivinícola, se plantean algunos interrogantes:

·         Deberíamos obtener/producir la información necesaria para calibrar las implicaciones que tendrá este cambio en las condiciones naturales para el cultivo del viñedo en la comarca. ¿Seremos capaces de reunir esta información?
·         También convendría prepararse en materia de infraestructuras. Mayores y más frecuentes periodos de sequía implican cambios en las necesidades de riego y la optimización tecnológica del mismo. ¿Cuáles son las zonas en las que no tenemos estas infraestructuras pero donde las necesitaremos en el futuro?
·         La viña necesita menos agua que otros cultivos también presentes en la comarca. ¿Habrá efectos de desplazamiento? ¿Sobrevivirá la papa de secano? ¿Subirá la viña al monte? ¿Veremos un progresivo cambio varietal? ¿Es la Listán apta para estos retos o es vulnerable?
·         El cambio climático también incide en la presión ambiental de patógenos. ¿Cómo se modificará el calendario y la incidencia de las plagas? ¿Habrá otras nuevas? ¿Cuáles? ¿Estamos preparando los remedios para luchar contra ellas?

Mudar y mutar un viñedo no es cuestión de días, es cuestión de muchos años. En este contexto, limitarse a esperar sentado no parece buena opción. Los de Davos también saben eso. ¿Y nosotros?

D.G.

lunes, 29 de enero de 2018

Tiempo de poner de moda la viticultura



La enología lleva tiempo de moda, se ha hablado durante los últimos tiempos del “boom” que se ha generado alrededor de una botella de vino. Damas del vino, jóvenes enólogos que firman elaboraciones a lo largo y ancho del territorio español. En definitiva, eclosión del sector de bodegas y renovación en las mismas. Nuevos envases para elaboraciones: “acero; barricas de madera y acero; depósitos en forma de huevo; fermentaciones en ánfora de cemento y más”, en cuanto a la manera de comercializar el producto final el mismo movimiento novedoso: “bag in box; latas; vidrios de todas las formas y colores y más”. En cierres no nos hemos quedado tampoco quietos: “tapón de corcho; tapón sintético de todos los colores; tapón de rosca; tapón de vidrio y más”.

Pero, mientras todos estos cambios se dan en el sector de bodegas, ¿qué cambios se dan en el sector vitícola?, ¿dónde está el boom del viñedo?, se va a una velocidad lenta, el toro nos ha cogido y el tan nombrado “Cambio Climático” solo ha servido para escribir artículos, organizar congresos en su nombre, pero no es una realidad trasladada al campo. No se apuesta decididamente por actuaciones llevadas a la viña. Son contadas, las empresas del sector que han apostado por experimentar y aplicar medidas concretas en su viñedo y estudiar los resultados obtenidos.

La campaña de la vendimia de 2017, nos ha puesto sobre aviso a todo el sector en las diferentes regiones vitícolas del panorama español, dándose circunstancias meteorológicas totalmente “sorprendentes”… –Y lo peor es que se cree–, que han venido para quedarse… ¿Será este motivo suficiente para empezar a poner de moda la viña y su cultivo entre los jóvenes y se empiece a generar el “boom de los jóvenes viticultores”? Que así sea.

Mari Paz Gil

martes, 21 de noviembre de 2017

El vino y el cambio climático



Durante las últimas semanas se habla mucho del tiempo, en España y en Tenerife también. Y cuando hoy día se habla del tiempo, el cambio climático anda cerca. Sequías, riadas, calores. ¡Ojalá llueva pronto, que falta hace!

No sabemos si el primo de Rajoy sigue poniendo en duda la existencia del cambio climático, pero sí parece haber una amplia mayoría de ciudadanos que se han ido convenciendo de su presencia y actualidad en nuestras vidas.

El mundo del vino no es ajeno a los retos que provocan estos cambios. Como refleja Rafael Daniel en su artículo “Vinos que cuidan el Planeta: las bodegas españolas apuestan por la sostenibilidad” (El Economista), el sector vitivinícola empieza a formar parte activa de la lucha contra el cambio climático, a través de prácticas como las certificadas por Wineries for Climate Protection (http://www.wineriesforclimateprotection.com).

Entre las medidas defensivas del viñedo –amenazadas por olas de calor, escasez  hídrica, heladas y granizo– están su propia mudanza (migrar a otras zonas), el cambio varietal (hacia variedades menos necesitadas de agua) o la extensificación (menor densidad de plantación y menor intensidad de explotación).

Entre las prácticas de reducción de la huella ecológica de las bodegas destacan la reducción de emisiones de gases de efectos invernadero, la gestión del agua, la reducción de residuos y la eficiencia energética. Ejemplos de lo que se está haciendo son la reducción del embalaje, la reutilización del agua y la producción propia de energía solar para su uso en maquinaria cada vez más eficiente.

A veces un ejemplo simple es ilustrativo de que se trata de cambios concretos y no de tareas imposibles de abarcar en empresas pequeñas. El grupo Campo Viejo antes tiraba el soporte de las etiquetas, mezcla inseparable de papel y plástico, imposible de reciclar. Cambió a otro soporte, exclusivamente de plástico, y este se puede reciclar.

Por aquí también hay cambio climático, ¿verdad? ¿Viñedo en Tenerife en 2050?



D.G.

lunes, 14 de octubre de 2013

Parece que el pasado se está volviendo futuro



Un manto verde contra la desertización. Los pronósticos del impacto del cambio climático en España y Canarias ofrecen un panorama sombrío. El aumento de las temperaturas y la reducción de las precipitaciones, más una mayor volatilidad meteorológica manifestada en episodios atípicos, constituyen potentes multiplicadores del proceso de desertización ya puesto en marcha en el Archipiélago.

Fuente: Naciones Unidas, Grupo Intergubernamental del Cambio Climático IPCC WGI AR5,
27 September 2013, p. 27
[http://ep00.epimg.net/descargables/2013/09/27/5177839cc4f679dff4e035ebae96503b.pdf]




Ante esta amenaza, los cambios que facilitan el camino hacia una economía más baja en carbono son diversos, necesitan tiempo y precisan de continuidad. Uno de los frentes de actuación es el fomento de la elaboración y consumo de alimentos locales comercializados a través de canales cortos, llamémosles “alimentos de proximidad”.
En este contexto, el cultivo de la vid en Canarias tiene distintas virtudes que cabe destacar. Se trata de un cultivo que consume poca agua, conlleva una baja carga de fertilizantes y productos fitosanitarios, es compatible con una edafología relativamente pobre y protege al suelo de la erosión.
Además, su producto, la uva, es apta para someterse a procesos de transformación, la vinificación, que la convierten en alimentos con elevado potencial de diferenciación en los mercados. Esta diferenciación, en un mercado tan competido como el agroalimentario, le facilita la supervivencia a pesar de unos costes de producción relativamente elevados.
Es por estas razones que la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo sigue apostando por la puesta en valor del trabajo de sus viticultores y bodegueros. Su buen hacer contribuye a un futuro más sostenible. Parece que el pasado se está volviendo futuro. En este sentido, la defensa de “lo nuestro” ya no solo cuenta con buenos argumentos enraizados en el fomento del empleo local y las tradiciones; poco a poco se está haciendo más visible la contribución de la viticultura a nuestro futuro.
Beber un buen vino de proximidad es un placer. Por el placer de los sentidos y por contribuir al paisaje del que (todavía) disfrutamos propios y extraños.

D.G.