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viernes, 20 de julio de 2018

NOVEDAD en nuestra web: Cambio climático y viticultura


Después de las jornadas de la Fundación Canaria La Alhóndiga el pasado viernes 15 de junio de 2018 sobre el impacto del cambio climático en la viticultura y una vez pasado por un proceso de inventario de la información disponible, el Consejo Regulador de Tacoronte-Acentejo ha incluido en su página web un nuevo apartado sobre esta temática: 


Aparte de una lista con las fuentes de información sobre el particular (cualquier sugerencia para ampliar y mejorarla será bienvenida), este apartado encuadra la pregunta concreta de cómo afecta el cambio climático a la viticultura en la comarca en un contexto más amplio (cómo es el cambio climático en Canarias). El lector encontrará un breve resumen de los principales hechos e incógnitas.

Quizás lo más interesante es una tabla que plantea cuáles son las posibles acciones que la viticultura en la comarca debe evaluar para enfrentarse para adaptarse a la nueva realidad. Mover el viñedo a otras zonas y altitudes es la última y más drástica actuación; caben muchas otras de menor calado y que posiblemente den resultados suficientes como para evitar soluciones extremas. Desde los sistemas de riego y cultivo, pasando por la selección varietal y hasta las prácticas enológicas se muestra un amplio abanico de elementos que el sector vitivinícola de la comarca debería evaluar y debatir.

Animamos a los técnicos a que hagan llegar sus aportaciones al Consejo Regulador. La información disponible es escasa, pero entre todos se puede poner en marcha un inventario de experiencias y propuestas concretas.

D.G.

martes, 21 de noviembre de 2017

El vino y el cambio climático



Durante las últimas semanas se habla mucho del tiempo, en España y en Tenerife también. Y cuando hoy día se habla del tiempo, el cambio climático anda cerca. Sequías, riadas, calores. ¡Ojalá llueva pronto, que falta hace!

No sabemos si el primo de Rajoy sigue poniendo en duda la existencia del cambio climático, pero sí parece haber una amplia mayoría de ciudadanos que se han ido convenciendo de su presencia y actualidad en nuestras vidas.

El mundo del vino no es ajeno a los retos que provocan estos cambios. Como refleja Rafael Daniel en su artículo “Vinos que cuidan el Planeta: las bodegas españolas apuestan por la sostenibilidad” (El Economista), el sector vitivinícola empieza a formar parte activa de la lucha contra el cambio climático, a través de prácticas como las certificadas por Wineries for Climate Protection (http://www.wineriesforclimateprotection.com).

Entre las medidas defensivas del viñedo –amenazadas por olas de calor, escasez  hídrica, heladas y granizo– están su propia mudanza (migrar a otras zonas), el cambio varietal (hacia variedades menos necesitadas de agua) o la extensificación (menor densidad de plantación y menor intensidad de explotación).

Entre las prácticas de reducción de la huella ecológica de las bodegas destacan la reducción de emisiones de gases de efectos invernadero, la gestión del agua, la reducción de residuos y la eficiencia energética. Ejemplos de lo que se está haciendo son la reducción del embalaje, la reutilización del agua y la producción propia de energía solar para su uso en maquinaria cada vez más eficiente.

A veces un ejemplo simple es ilustrativo de que se trata de cambios concretos y no de tareas imposibles de abarcar en empresas pequeñas. El grupo Campo Viejo antes tiraba el soporte de las etiquetas, mezcla inseparable de papel y plástico, imposible de reciclar. Cambió a otro soporte, exclusivamente de plástico, y este se puede reciclar.

Por aquí también hay cambio climático, ¿verdad? ¿Viñedo en Tenerife en 2050?



D.G.

miércoles, 2 de agosto de 2017

“Deshojar, despojar, exfoliar”


Mediante esta técnica consistente en eliminar 4 ó 5 hojas basales en la zona de los racimos, aumentando la exposición solar de los mismos  y facilitando una mayor aireación y porosidad, reforzamos sobre todo la defensa frente a las distintas podredumbres, especialmente la Botrytis. Reducimos condensaciones de agua y conseguimos microclimas térmicos menos favorables a la podredumbre y oídio, mejorando a su vez la accesibilidad de los tratamientos fitosanitarios.

En zonas cálidas, se debe contribuir a atenuar los excesos térmicos mediante la aireación y mantener los racimos bien iluminados pero no sobreexpuestos a la radiación solar. En zonas frías, igualmente, hay que obtener un microclima más luminoso y aireado que contribuya a mejorar las condiciones térmicas generales y facilite el metabolismo del racimo.


Por último, tener en cuenta, que las variedades presentan sensibilidades y exigencias muy distintas que debemos valorar en cada caso.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Un año complicado


Este año la uva viene escasa y desigual en maduración. Si se dan un paseo por las fincas, se darán cuenta de que hay racimos con uvas ya maduras al lado de otras que todavía siguen verdes. En el mismo racimo, a escasos 10 centímetros. Y también verán que el número de racimos es escaso y que no son grandes. Combinando todo ello: un año complicado. Y es una pena ver cómo este año todo el esfuerzo y mimo dedicado a la viticultura se vuelve frustración.

La cosecha viene así por el tiempo que ha hecho en estos meses, errático y atípico. No somos la única región española que ha sufrido estos vaivenes y trastoques estacionales. Por algo el periódico Expansión titulaba el pasado 12 de septiembre: “el clima vuelve loca a la vendimia”. El artículo añade información sobre lo acontecido en la Península. Estiman que la franja mediterránea perderá entre un 30% y 40% de la cosecha. La Mancha y Centro-Sur sufrieron plagas y las riberas del Ebro y Duero exceso de calor. Para variar, Galicia vio mermada su producción por pedrisco y mildiu. Añaden que Francia e Italia también tendrán cosechas más cortas.

Por aquí, en Tacoronte-Acentejo, el Consejo Regulador estima que apenas llegaremos al 50% de la producción media interanual. El resto de Tenerife también sufrirá mermas similares. En Lanzarote la cosa pinta incluso peor: el 15% (no de merma, sino la cosecha entera será una séptima parte de lo habitual). A las escasas cantidades la heterogeneidad de la uva añade otros problemas y retos técnicos para los enólogos.

Una cosecha corta lleva a una menor oferta comercializable. Excedentes de años anteriores mediante, el mercado de vino canario lo notará y mantener las cuotas de mercado en años de contracción de la oferta se convierte en un objetivo principal.

D.G.

martes, 10 de mayo de 2016

Retraso vegetativo


Dejamos atrás el mes de abril y continuamos con temperaturas bajas. En este mes de mayo, la brotación avanza lentamente y el viñedo presenta un retraso generalizado en el ciclo vegetativo de unas tres semanas respecto al año pasado. El evidente retraso del viñedo está provocado fundamentalmente por las altas y bajas temperaturas en momentos no habituales, sobre todo a un “invierno cálido”. En esta campaña “tan irregular” la influencia de las lluvias y de las bajas temperaturas en el estado vegetativo de nuestras variedades hace que las primeras hojas brotadas presenten en muchos casos un color verde pálido, a veces amarillento, que da al viñedo un aspecto poco saludable. Estas afecciones se corregirán en la mayoría de los viñedos cuando aumenten las temperaturas.

Otro de los aspectos negativos de esta brotación tardía tiene que ver con la posible incidencia de varias plagas y/o enfermedades que pueden afectar de forma importante a los brotes. Enfermedades como el mildiu y el oídio principalmente. En todos los casos, el lento crecimiento del brote, unido a condiciones climáticas concretas, facilita la colonización de las pocas hojas de estos hongos e incluso insectos con todos los problemas asociados que ello conlleva. Por lo que no hay que descuidar la protección sanitaria de los viñedos y hay que estar muy atentos para prevenir los posibles daños. La prevención es la mejor herramienta para evitar daños mayores y mantener el óptimo estado sanitario del viñedo. Las reservas hídricas del viñedo en esta campaña son bastante satisfactorias, mirando los viticultores al cielo a la espera de jornadas calurosas que favorezcan el cuajado.


F. D.

lunes, 7 de marzo de 2016

La espaldera sencilla reina ahora en el paisaje vitivinícola



El paisaje de la comarca Tacoronte-Acentejo se ha modificado sustancialmente en los tres últimos lustros a ojos del ciudadano de dicha comarca vitivinícola, y por extensión, a todos aquellos que disfrutan del medio rural de este territorio vitícola, bien sea como meros paseantes en la misma, bien sea por que viven en ella.

El viñedo es el principal cultivo que armoniza el paisaje en este territorio, seguido del cultivo de la papa, asociado, en muchas veces al de la propia viña. Cierto es que el viñedo es un cultivo que se mantiene en un porcentaje alto inalterable sobre el terreno; digamos que es un “cultivo fijo en el suelo”. Los viticultores han apostado por el futuro de la viña como principal cultivo en sus terrenos por diversas causas que van desde lo meramente familiar en pos de mantener la tradición hasta situaciones de inversión en el viñedo como medio de complemento económico a sus propias vidas y/o a sus bodegas.

Buena parte de la transformación paisajística que ha experimentado la comarca busca su fundamento principal en la aplicación de las distintas “OCM del Vino” que se han ido aplicando en los últimos años. Unas ayudas procedentes de la Unión Europea que han promovido el rejuvenecimiento de los viñedos, la apuesta por una diversificación en el abanico de variedades disponibles a cultivar y la adaptación por parte del viticultor hacia formas de explotar la viña más eficiente, o, al menos, más ahorradoras en costes y más efectiva si cabe.

Sin duda alguna, el sistema conocido como “espaldera” se ha convertido por méritos propios en el principal medio de sistema de apoyo para el cultivo de la vid. En este sentido, podemos afirmar que el viñedo de la comarca ha ido mutando progresivamente del conocido como sistema de rastras o tradicional –digamos “con horquetillas”– a este sistema apoyado de cultivo que es la espaldera en cualquiera de sus vertientes: sencilla, doble, con crucetas o en forma de “Cruz de San Andrés”. Evidentemente, el riesgo asumido por el viticultor al apostar por la misma ha sido paulatino, ha superado la tradicional aversión al riesgo común en estas situaciones, y ha optado por un cultivo de prometedor futuro en la comarca sobre el sistema de espalderas, donde, sin duda alguna, la viña trepa al antojo de la mano que la cuida convirtiéndose en el perfecto compañero de viaje del viticultor hacia la vendimia próxima.

La cuestión llega a ser, como dice el dicho, “renovarse o morir”; y concretamente en Tacoronte-Acentejo ahora hay vida para largo. 
¡Salud!


Santi S.



lunes, 11 de mayo de 2015

Mes sensible, toca vigilar


En este mes de mayo, con la primavera avanzada, se suceden varias de las fases más importantes en el ciclo vegetativo de la vid, encontrándose la mayor parte de los viñedos en un estado fenológico donde los racimos florales están totalmente desarrollados y tienen su forma típica.

Es un periodo en el que la sensibilidad de la viña a enfermedades como el mildiu, oídio y botrytis, es elevada, debido generalmente a las condiciones climáticas de la comarca. La falta de control de estas enfermedades puede causar reducciones importantes de rendimiento y calidad en las uvas para la elaboración de los futuros vinos.

En todos los casos se recomienda utilizar técnicas preventivas, basadas en las prácticas culturales, con las cuales no sólo reducimos la severidad del ataque, sino que a la hora de un control químico o biológico éste sea mucho más efectivo.

F. D.

lunes, 17 de noviembre de 2014

El viñedo, ¡esta es la cuestión!



Con el sector del vino tinerfeño imbuido en disputas cortoplacistas y fratricidas, a lo mejor cuesta centrar la atención, aunque sólo sea momentáneamente, en horizontes más amplios. Pero también conviene, si uno no quiere perder la perspectiva. Tanto debate sobre los vinos a veces nos impide ver el viñedo.

Y es el viñedo el talón de Aquiles del sector vitivinícola de Canarias. Es el eslabón más débil de la cadena de valor que finalmente nos pone una botella de vino en nuestra mesa. Es vulnerable ante los vaivenes meteorológicos, fragmentado en múltiples micro-parcelas, sin grandes capitales que lo soporten, y se apoya en el trabajo voluntario más que en criterios empresariales. Casi un milagro que sigamos contando con su presencia hoy día.

Por lo poco que nos ocupamos del viñedo parecemos revelar que no nos pre-ocupa. Sería un grave error, porque la principal utilidad del sector para la sociedad tinerfeña no está en sus vinos, está en el viñedo. No sólo porque sin viñedo no hay vino, cosa obvia pero vinocéntrica, también por otras razones de peso.

Una es la medioambiental. Los beneficios medioambientales del viñedo son indudables. Un cultivo adaptado a la orografía y edafología insular –con sus fuertes pendientes y reducidos aportes de agua– capaz de mantener el suelo y evitar su erosión y desertización. Un cultivo resiliente ante la microescala, con múltiples sistemas de cultivo en cada una de las comarcas y una gran riqueza varietal. Un cultivo que genera valor paisajístico que deleita a propios y visitantes más allá de loros y orcas. Un cultivo que absorbe CO2 donde otros lo emiten. Aportar algo a la sostenibilidad medioambiental de nuestra sociedad cotiza al alza en los tiempos que corren; pongamos en valor la contribución del viñedo.

Otra razón es la social. La viticultura da trabajo y genera ingresos complementarios en las familias. Particularmente en las medianías, con un tejido social ahora castigado por la crisis, las familias cuentan en el viñedo con un aliado para la dispersión de riesgos ante los vaivenes de la coyuntura económica. Sin su trabajo los vinos“nuestros” (suyos) no serían posibles.

¡No nos olvidemos del viñedo! Bodegueros incluido…


D.G.


lunes, 14 de octubre de 2013

Parece que el pasado se está volviendo futuro



Un manto verde contra la desertización. Los pronósticos del impacto del cambio climático en España y Canarias ofrecen un panorama sombrío. El aumento de las temperaturas y la reducción de las precipitaciones, más una mayor volatilidad meteorológica manifestada en episodios atípicos, constituyen potentes multiplicadores del proceso de desertización ya puesto en marcha en el Archipiélago.

Fuente: Naciones Unidas, Grupo Intergubernamental del Cambio Climático IPCC WGI AR5,
27 September 2013, p. 27
[http://ep00.epimg.net/descargables/2013/09/27/5177839cc4f679dff4e035ebae96503b.pdf]




Ante esta amenaza, los cambios que facilitan el camino hacia una economía más baja en carbono son diversos, necesitan tiempo y precisan de continuidad. Uno de los frentes de actuación es el fomento de la elaboración y consumo de alimentos locales comercializados a través de canales cortos, llamémosles “alimentos de proximidad”.
En este contexto, el cultivo de la vid en Canarias tiene distintas virtudes que cabe destacar. Se trata de un cultivo que consume poca agua, conlleva una baja carga de fertilizantes y productos fitosanitarios, es compatible con una edafología relativamente pobre y protege al suelo de la erosión.
Además, su producto, la uva, es apta para someterse a procesos de transformación, la vinificación, que la convierten en alimentos con elevado potencial de diferenciación en los mercados. Esta diferenciación, en un mercado tan competido como el agroalimentario, le facilita la supervivencia a pesar de unos costes de producción relativamente elevados.
Es por estas razones que la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo sigue apostando por la puesta en valor del trabajo de sus viticultores y bodegueros. Su buen hacer contribuye a un futuro más sostenible. Parece que el pasado se está volviendo futuro. En este sentido, la defensa de “lo nuestro” ya no solo cuenta con buenos argumentos enraizados en el fomento del empleo local y las tradiciones; poco a poco se está haciendo más visible la contribución de la viticultura a nuestro futuro.
Beber un buen vino de proximidad es un placer. Por el placer de los sentidos y por contribuir al paisaje del que (todavía) disfrutamos propios y extraños.

D.G.




lunes, 30 de septiembre de 2013

Mi vino = Mi paisaje




Con este slogan estará la D.O. Tacoronte-Acentejo circulando los próximos meses en autobús en travesía por la zona metropolitana y norte de la isla de Tenerife. Se intenta con ello concienciar a la población residente y turística sobre la importancia del paisaje del viñedo en nuestro entorno, máxime cuando se trata del cultivo que ocupa la mayor superficie de la tierra agrícola en la isla.

¡Y no es para menos! El paisaje que es de todos, sienta sus cimientos en este territorio desde hace cinco siglos en el viñedo. Un viñedo que aporta una gama de colores según la estación del año que permite observar el paisaje de la isla desde distintas ópticas; y como ningún otro producto agrario, permite la siempre interesante “camaleonización” del territorio. Un paisaje que los viticultores cuidan gratuitamente para el resto de los visitantes y residentes de la isla.

Aspecto aparte y también importante sería lo que el viñedo aporta complementariamente a las economías familiares, además de los distintos “momentos sociales” que facilita su atendimiento, su vendimia y la cata del propio vino elaborado.

En resumen, con esta novedosa iniciativa se desea llegar hasta el corazón de la población animándoles a consumir el vino resultante de ese paisaje; y la contribución de la ciudadanía para mantener el mismo no puede ser más sencilla: adquirir vino Tacoronte-Acentejo, bien para consumirlo, bien para regalarlo; en definitiva, para compartir el placer líquido resultante de este singular espacio vitivinícola.

¡Salud!


Santi S.